Seguramente ha escuchado decir: “Si Dios es bueno, ¿por qué permite lo malo?”. Desde la caída en el pecado, la vida siempre ha incluido tribulaciones. Aunque las pruebas son dolorosas, comprender el propósito del Señor puede traer gozo y esperanza.
La Palabra de Dios muestra que el sufrimiento tiene el propósito de transformar a los hijos de Dios conforme a la imagen de Cristo (2 Co 3.18). La santificación comienza en la salvación, y pocas cosas moldean el carácter como el dolor.
Dios permite las aflicciones para poner a prueba la fe de sus hijos. Una fe probada se vuelve más fuerte y digna de confianza.
Además, Dios permite las dificultades para revelar su carácter, amor y poder. Durante los tiempos difíciles, quienes se aferran a su Padre celestial lo encontrarán confiable y real. Cuando surja la próxima aflicción, recordarán su fidelidad durante la prueba anterior y descansarán con confianza en Él.
Podemos aprender ciertas cosas de libros y de las historias de otras personas, pero es a menudo en medio de la dificultad cuando se produce el crecimiento personal. Así que, cuando surjan problemas y el dolor parezca punzante, dé gracias a Dios por su propósito en medio de la aflicción.
BIBLIA EN UN AÑO: EZEQUIEL 7-9