Con el 2026 ya en marcha, estamos llenos de entusiasmo por hacer de este un año más en el que compartir la verdad de la Palabra de Dios y servir a su Iglesia.
Nuestro deseo es que personas de todo el mundo conozcan al Señor Jesucristo y se acerquen más a Él; esa es la motivación que nos impulsa cada día. Caminar con el Salvador y crecer en su amor es lo que el Dr. Stanley llamaba “la vida extraordinaria”.
Al iniciar este nuevo año, le compartimos algunas de sus palabras sobre cómo conocer de verdad al Señor Jesucristo.
Si alguien le preguntara: “¿Quién es Jesucristo?”, seguramente usted podría decirle algo acerca de quién es Él y lo que ha hecho por usted. Pero ¿lo describiría como su amigo?
Es fácil conformarse con conocer a Jesucristo como Salvador, Aquel que pagó por el castigo de nuestro pecado. Pero también estamos llamados —y bendecidos— a conocerlo como Señor, experimentarlo y disfrutarlo de una manera personal y profunda.
Pablo dijo: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él... a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil 3.8-10).
Seguir a Cristo con una pasión como esta significa desear conocerlo por encima de todo lo demás.
Hermano(a), usted puede conocer al Señor Jesucristo como su compañero más cercano, Aquel que camina con usted momento a momento, con quien tiene comunión y conversa. Puede conocerlo como un individuo, alguien a quien llega a comprender más profundamente. Y puede conocerlo a través de su amor personal por usted, derramado cada día.
¿Cómo cultivamos este tipo de intimidad con Cristo?
En primer lugar, comprendiendo lo que significa conocerlo.
Cuando Pablo habla de conocer a Cristo, se refiere a una relación de unidad que crece de forma constante. Conocer al Señor jamás deja a una persona igual que antes. Es una experiencia continua que nos asombra cada vez más por quién es Él y nos impulsa a crecer de manera constante para llegar a ser más como Él.
En segundo lugar, considerando su valor incomparable.
Pablo quería decir: “Así es como valoro este conocimiento de Cristo. Tener cualquier otra cosa en su lugar sería una pérdida total en comparación con conocerlo íntimamente”. Nada se compara con el privilegio invaluable y el valor abrumador de conocer a Jesucristo.
Pablo también escribió: “En [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2.3). Cuando conozca en verdad al Señor, su comprensión y discernimiento transformarán toda su perspectiva de la vida.
En tercer lugar, haciendo de Él nuestro objetivo principal.
¿Cuál es la pasión de su corazón? Cuando el Señor Jesucristo es el objeto de nuestro mayor afecto, Dios nos concede todo lo demás en el momento perfecto. Pero si nuestro anhelo principal es un objeto o un logro, todo se desordena. Nada debe competir, en absoluto, con nuestro deseo de conocer al Señor Jesucristo por encima de todo.
Por último, buscándolo de manera intencional.
Para conocer a Cristo, estudie la Palabra de Dios, donde Dios ha revelado una imagen fiel de Él. Dedique tiempo a estar a solas en oración, meditación y adoración. No solo hágale peticiones, sino esté a solas con Él, hablando y escuchando. Observe y anote cómo Dios obra en su vida y en la vida de los demás. Cultive su amor por Él.
Abra hoy la Palabra de Dios y dígale al Señor: “Deseo conocerte de manera más profunda. Busco acercarme más a Ti en este momento. Y quiero tener una pasión por conocerte que supere cualquier otro deseo de mi corazón”.
Si hace esta oración, su vida está a punto de volverse verdaderamente emocionante. Creo que pronto se preguntará: “¿Por qué no empecé antes?”. No importa en qué etapa de su camino con Cristo se encuentre: siempre vale la pena conocerlo más. En esta vida nunca se agotarán las maneras de experimentarlo.
Siempre hay más por descubrir y disfrutar de nuestro glorioso Salvador.
¡Qué llamamiento a la devoción por parte del Dr. Stanley! No importa quiénes seamos ni dónde nos encontremos, este llamamiento siempre es relevante.
Nos mantiene anhelando a Cristo y buscando su presencia. Mientras lo busca, que pueda encontrarse repitiendo cada día las palabras de Juan 1.14: “[He visto] su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.
Hasta la próxima. Que Dios le bendiga.
Para la gloria de Dios,
Sus hermanos de Ministerios En Contacto