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Cachorros de león, reserva nacional de Masái Mara, Kenia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Un corazón para Dios

Amamos a Dios cuando alineamos —aunque de manera imperfecta— nuestros deseos con los suyos.

Hechos 13.16-22

La evaluación que Dios hace de David es uno de los mayores elogios divinos en las Sagradas Escrituras. En Hechos 13.22, el Señor llamó a David un “varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”.

En otras palabras, el deseo de obedecer a Dios es una característica esencial de tener un corazón para Él. La vida del rey David no fue perfecta, pero su costumbre era obedecer a Dios. Y cuando David pecaba, sabía qué hacer: oraba para que el Señor escudriñara en su vida cualquier senda dañina y lo ayudara a volver al camino correcto, para convertirse en la persona que Dios quería que fuera (Sal 139.23, 24).

La máxima prioridad de David era su relación con el Señor. Se deleitaba en la ley de Dios y valoraba la comunión íntima con Él. Las Sagradas Escrituras revelan muchos ejemplos de cómo David confió en el Señor en todos los desafíos de su vida. Reconoció que toda grandeza lograda como rey provenía solo de Dios.

Convertirse en alguien con un corazón para el Señor es una meta valiosa. Aunque ser perfectos no es posible, sí lo es tener una mejor relación con nuestro Padre celestial. En ese proceso, nuestros deseos e intereses se irán alineando con los de Dios, y obedecerlo se convertirá en nuestro mayor gozo.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 27-29