Hay mucho del reino de los cielos que no tiene sentido para nuestra manera terrenal de pensar. Por ejemplo, el pasaje de hoy dice: “A cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt 5.39). ¿Quién quiere, en realidad, hacerlo? Y aunque sabemos que Dios nos ama, también somos conscientes de que no hay nada que podamos hacer para ganar o merecer su amor. Sin embargo, estamos llamados a llevar ese amor a los demás.
Hoy se habla mucho de derechos, pero en lugar de enfocarnos en nosotros mismos, ¿por qué no seguir el ejemplo de Cristo (Fil 2.6-8)? Así podemos unirnos a Él en una causa mayor que nuestros propios intereses. Dios se complace cuando mostramos su amor a quienes nos rodean, incluso a quienes nos hacen mal. Después de todo, el Señor dijo: “Amad a vuestros enemigos… y orad por los que os persiguen… Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Mt 5.44-46).
Antes de asumir que el Señor no puede perdonarnos ni amarnos, recordemos que el Espíritu Santo habita en nosotros, y nos ayuda a hacer lo que parece imposible. Como resultado, el amor de Dios obra por medio de nosotros. Es un llamado maravilloso mostrar a otros el amor y la compasión sin límites del Señor.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 CRÓNICAS 13-15