Uno pensaría que una tormenta que pone en peligro la vida y unos días en el vientre de un pez serían suficientes para enseñar la lección. Sin embargo, no fue así con Jonás. Los últimos capítulos muestran a un profeta que, aunque obedeció a Dios en lo exterior, dejó que su corazón siguiera huyendo.
Jonás pagó un alto precio por huir del Señor —soportó muchas consecuencias físicas, sociales y emocionales por tratar de ignorar las instrucciones de Dios. Pero cuando esos acontecimientos quedaron atrás, Jonás todavía luchaba con el costo espiritual de su huida. Vivía con una ira y una amargura tan fuerte que le suplicó a Dios que le diera el descanso que traía la muerte.
Como creyentes, no podemos desobedecer al Señor sin pagar un precio. Tal vez usted tiene un hábito, un deseo o un curso de acción actual que sabe que va en contra de la voluntad de Dios. ¿Ha considerado el costo? El Señor es santo y justo, y tolerar el pecado es incompatible con quién es Él. Además, el precio de seguir nuestra voluntad es alto, pero si obedecemos al Señor, Él nos bendecirá (Dt 5.33). Podemos confiar en su amor por sus hijos, incluso si no entendemos lo que Él nos esté llamando a hacer o por qué.
BIBLIA EN UN AÑO: NÚMEROS 6-7