Dios nos creó para vivir con pasión para Él, no solo por las alegrías que nosotros experimentaremos al relacionarnos con el Creador, sino también para el bien de quienes nos rodean. Así como el calor y la belleza de las llamas atraen a la gente hacia una chimenea, Dios usa nuestra pasión para atraer a otros a Él (Mt 5.16).
Por eso, debemos cuidar que nuestro fervor no se apague. El Espíritu Santo que habita en nosotros guía con suavidad a los creyentes que comienzan a desviarse. Si siente que esto le está ocurriendo, puede dar varios pasos para volver a alinearse con Él.
Primero, evalúe su vida espiritual y pregúntele a Dios si su fuego se ha reducido a brasas. Segundo, reconozca cualquier distancia que le haya separado de su Padre y arrepiéntase. Tercero, vuelva su atención a Cristo y medite en cómo enseña a otros a vivir. Dedique tiempo diario a las Sagradas Escrituras, pidiéndole al Señor que le hable y clamando por dirección y sabiduría. Cuarto, confíe en el Espíritu Santo para que le guíe de regreso a una relación íntima con el Padre. Y por último, ame y sirva a Dios, adorándolo y amando a los demás.
Si su pasión espiritual ha disminuido, pídale al Señor que le ayude a renovarla. Vivir cerca de Él bien merece todo esfuerzo.
BIBLIA EN UN AÑO: NÚMEROS 1-2