La Biblia nos asegura que, como hijos de Dios, nunca perdemos la salvación (Jn 10.27, 28). No obstante, nuestra pasión espiritual puede disminuir. El pasaje de hoy muestra que incluso el entusiasmo de Timoteo se apagó a veces, por lo que Pablo le escribió para animarlo a avivar la llama de su fe.
El “enfriamiento” espiritual puede afectar a cualquier cristiano, por ejemplo, cuando una tragedia o los celos desvían nuestra atención. En lugar de clamar al Señor y buscar refugio en Él, podemos alejarnos poco a poco de la lectura de la Biblia. La Palabra de Dios es como la madera en una chimenea: las llamas solo se mantienen vivas con troncos que arden. Al pasar menos tiempo en las Sagradas Escrituras, otros aspectos de nuestra vida espiritual se resienten: disminuye la asistencia a la iglesia, las ofrendas se vuelven esporádicas y la oración, estancada, se reserva solo para emergencias. Así, el gozo, la paz y el contentamiento pueden ceder ante la preocupación, la duda y el temor.
El creyente que se aleja se perderá el consuelo y la plenitud de una relación cercana con el Señor. Piense en esto: ¿su entusiasmo por las cosas de Dios se ha fortalecido, o se ha debilitado? Si necesita ayuda para que su fuego siga ardiendo con fuerza, pídale al Espíritu Santo que le muestre cómo avivarlo (Jn 16.13).
BIBLIA EN UN AÑO: LEVÍTICO 26-27