Obediencia. La sola palabra puede parecer pesada, al recordarnos las reglas, la disciplina y tal vez incluso la culpa por no estar a la altura.
Pero ¿y si la obediencia no fuera una carga que soportar, sino el camino hacia una vida plena y rica?
Este mes, compartimos las ideas del Dr. Stanley sobre lo que significa vivir en obediencia a Cristo, no por obligación, sino como respuesta al amor y la sabiduría de Dios.
Me cautiva la historia de Daniel en la Biblia.
Dios lo bendijo y lo guió, y su vida se convirtió en un testimonio para todas las generaciones. Su obediencia aumentó su sabiduría, le permitió ayudar a sus amigos y le ganó el favor del rey.
La mejor vida es la que se vive en obediencia. Los dones que nos esperan cuando seguimos las instrucciones de Dios son inimaginables.
Quizás usted esté pensando: “Yo no soy Daniel, no tengo su fuerza”. Bueno, permítame recordarle las palabras de Filipenses 4.13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
Los creyentes tenemos el poder de Cristo en nosotros. Si lo aprovechamos, podemos aprender a ser obedientes a Dios.
Cuando Daniel llegó a Babilonia, quizás era un adolescente.
Obligado a comer alimentos que violaban los mandamientos de Dios, “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Dn 1.8).
Este pasaje revela los elementos esenciales de la obediencia que demostró Daniel, quien, al igual que nosotros, estaba aprendiendo a honrar a Dios con su vida. ¿Cuáles son?
Primero, busque el mandato de Dios.
Ante una decisión, pregúntese: “¿Qué querría Dios que hiciera? ¿Hay en la Biblia algún mandato o principio relevante?”.
Las leyes de Dios nos protegen y nos ayudan a prosperar. Sus principios y las historias que describen su carácter nos muestran en qué consiste la santidad.
Segundo, debemos asumir un compromiso.
Observe la sencillez y la fuerza de la decisión de Daniel: él decidió. Este paso es fundamental; sin él, vacilamos y nuestro compromiso flaquea.
Decida en su corazón, de una vez por todas, obedecer a Dios. Muchas de lo que Dios nos pide es difícil y, por tanto, nos da miedo ser rechazados o perder algo.
Daniel obedeció incluso arriesgándose a morir. Enfrentaremos pruebas y desafíos, pero las recompensas a la obediencia son inconmensurables.
Tercero, debemos tener confianza en Dios.
¿Cómo Daniel y sus amigos le dijeron que no a un rey pagano que podría haberlos matado? Conocían a Dios, quien les dio sus leyes, y sabían que Dios y sus mandatos eran buenos. Al relacionarnos de manera personal con Dios, experimentamos su amor, lo que nos da la confianza para caminar con Él.
Por último, confiemos las consecuencias a Dios.
La obediencia de Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego podría haberles acarreado dolor y sufrimiento. No sabían con certeza cómo iban a salir las cosas. Pero sabían que Dios se encargaría de cualquier problema que surgiera a causa de su obediencia.
Si sufrimos alguna pérdida, Él la utilizará para bien y nos bendecirá en esta vida o en la próxima.¿Obedeceremos siempre a la perfección? No. Solo el Señor Jesucristo vivió en perfecta obediencia al Padre.
Su mayor acto de sumisión, ir a la cruz en nuestro nombre, hace posible que seamos perdonados cuando fallamos.
¿Ha vacilado alguna vez? Confiese, arrepiéntase y vuelva a intentarlo. Cristo, quien aseguró su futuro eterno en el cielo, también le dará la fuerza para levantarse y seguir adelante.
Hermano(a), confíe en el poder de Cristo para decir: “Señor, elijo obedecer a Dios y dejar todas las consecuencias en sus manos”. Espero que hoy se comprometa a ello y reciba la bendición de Dios para todos los días que le quedan de vida.
Esperamos que la reflexión del Dr. Stanley sobre Daniel le haya animado a ver la obediencia no como una carga, sino como un regalo: una manera de caminar más cerca del Señor y experimentar su gracia.
Ninguno de nosotros está libre de pecar, y Dios lo sabe. Lo único que nos pide es un corazón dispuesto a honrarlo, una decisión a la vez.
Hasta la próxima; que Dios le bendiga.
Para la gloria de Dios,
Sus hermanos de Ministerios En Contacto
P.D. En este Día de las Madres, honramos a las mujeres que aman a sus familias y sirven al Señor, día tras día. Tanto si usted es madre como si celebra a las madres de su vida, estamos agradecidos por estas mujeres fieles. ¡Feliz Día de las Madres!