Desde el momento en que nacimos, comenzó una cuenta regresiva en nuestra vida. Cada tic-tac del reloj nos acerca un paso más a encontrarnos cara a cara con el Señor. Cada uno de nosotros se presentará ante Él mientras nos acercamos a nuestro destino eterno.
La única manera de obtener la vida eterna es por fe en Jesucristo (1 Jn 5.11, 12). Nuestro pecado nos separa del Padre, pero Cristo proveyó la solución a este problema universal al vivir sin pecar, morir en la cruz para expiar nuestros pecados (Ro 6.23) y resucitar al tercer día, venciendo la muerte. Al confiar en Él, ya no vivimos separados de Dios.
Para recibir este asombroso regalo, solo debemos creer en el Señor Jesucristo y en lo que hizo. Como resultado, nos convertimos en nuevas criaturas (2 Co 5.17), somos adoptados como hijos de Dios (Ef 1.5) y comenzamos una relación personal y eterna con nuestro Padre celestial.
¿Tiene usted la certeza de dónde pasará la eternidad? Quizás asume que tiene tiempo para resolver este asunto tan importante, pero no espere ni un minuto más para decidirlo, porque ese después podría no llegar nunca. Arrepiéntase de su pecado hoy mismo y siga al Señor Jesucristo.
BIBLIA EN UN AÑO: 1 REYES 20-22