Saltar al contenido principal
Parque Nacional de Grand Teton - Jackson, Wyoming. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

El enemigo de la seguridad

La gracia de Dios es inagotable; ningún pecado es demasiado grande, ningún fracaso demasiado frecuente.

1 Juan 5.1-9

Dios prometió que todo aquel que crea que Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados vivirá para siempre en el cielo (Jn 6.40). Sin embargo, el pecado no confesado crea una barrera entre el Señor y el creyente, lo cual puede debilitar la fe y la seguridad espiritual.

Cuando confesamos nuestras faltas, el Padre nos limpia y perdona (1 Jn 1.9). Al ignorar el pecado, un cristiano puede sentirse distante de Dios, indigno de su amor o incluso dudar de su salvación. Pero aunque nuestra sensación de seguridad pueda flaquear, nunca podemos perder la salvación.

A menudo, las personas confunden la corrección del Señor con haber perdido su salvación. En realidad, es todo lo contrario. El Padre celestial disciplina a quienes ama; por eso, la corrección es prueba de que somos sus hijos, y a través de ella nos guía de nuevo a la comunión con Él (He 12.6, 7).

Jesucristo es nuestro abogado ante Dios. Como los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento que ofrecían sacrificios de sangre, Él expió nuestros pecados con su propia muerte en la cruz. No podemos pecar lo suficiente como para perder su gracia. En el mismo instante que confesamos nuestra falta, la bendita seguridad del Padre vuelve a inundar nuestro corazón.

BIBLIA EN UN AÑO: 2 REYES 10-12